24/12/2025
REIVINDICAR EL STRONISMO ES NEGAR A LAS VÍCTIMAS
Carta Abierta de la Asociación de Profesores de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas
REIVINDICAR EL STRONISMO ES NEGAR A LAS VÍCTIMAS
Desde nuestra condición de docentes e integrantes de la Comisión Directiva de la Asociación de Profesores de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad Católica “Nuestra Señora de la Asunción”, haciéndonos eco de las inquietudes del cuerpo docente de muestra facultad, manifestamos nuestro más enérgico y categórico repudio a la participación institucional de representantes del Campus Itapúa de la UC en la presentación del libro “El Electo… El progreso silenciado”, obra que reivindica la figura de Alfredo Stroessner y relativiza, minimiza o niega el carácter dictatorial, represivo y criminal del régimen instaurado en 1954.
Este pronunciamiento adquiere una gravedad aún mayor al producirse en fechas particularmente significativas para la memoria histórica del Paraguay: el 22 de diciembre se cumple un nuevo aniversario del hallazgo del Archivo del Terror, prueba documental irrefutable del terrorismo de Estado ejercido durante la dictadura stronista. Dichos archivos no constituyen una interpretación, ni una mirada ideológica, ni un relato, son evidencia material del horror, reconocida por el propio Estado paraguayo y por la comunidad internacional.
No estamos ante un legítimo debate histórico ni ante una pluralidad académica saludable. Lo que se promueve en este caso es un discurso revisionista de matriz autoritaria, de carácter panfletario, que pretende descalificar el consenso histórico, jurídico y ético existente sobre la dictadura, presentándola como un período de orden, estabilidad o progreso, a costa del silenciamiento deliberado de su costo humano.
Recordamos —porque es un deber académico, ético y cristiano— que la Comisión de Verdad y Justicia documentó 19.862 personas privadas ilegítimamente de libertad, de las cuales 18.772 fueron sometidas a tortura, además de ejecuciones, desapariciones forzadas, exilios y persecuciones políticas sistemáticas. Estos hechos no son opinables: constituyen crímenes de lesa humanidad probados, reconocidos oficialmente y protegidos por la Declaración Internacional de los Derechos Humanos.
Nuestra Facultad no es ajena a ese pasado. Muy por el contrario, fue parte directa de la historia de resistencia ética e intelectual frente al autoritarismo. Entre 1975 y 1977, años de especial recrudecimiento represivo, Mario Schaerer Prono, egresado de esta casa de estudios, fue asesinado en el Departamento de Investigaciones. Al menos siete docentes fueron presos y torturados, varios expulsados del país, y no menos de nueve estudiantes de la Facultad fueron detenidos y sometidos a tortura. Hubo estudiantes perseguidos hasta el mismo año 1989, el año del golpe de Estado.
Entre los docentes perseguidos por el régimen dictatorial se encuentran, entre otros: Mauricio Schvartzman; Marilín Rehnfeldt; Merardo Arriola Socol; Bartomeu Meliá; José Miguel Munárriz; Emilio Veza; Carlos Arestivo; Melquiades Alonso M.; José Nicolás Morínigo; Óscar Rodríguez Campuzano; Miguel Sanmartí (ex Decano, impedido de regresar del exilio); Jorge Lara Castro.
Y entre los estudiantes, además de Mario Schaerer Prono: Olga Spiridonoff; Ángel Estigarribia Castillo, Aníbal Franco; Blanca Olivetti; Carlos Flores; Daniel Campos; Miguel Ángel López Perito; Diego Abente; Fernando Masi; Eduardo Schaerer; Stella Rojas de Abente; Guillermina Kanonnikoff de Schaerer; José Luis Simón, Perla Yore, entre otros, muchos de ellos forzados al exilio.
A esta lista deben sumarse la expulsión del sacerdote Francisco de Paula Oliva, fundador de la carrera de Ciencias de la Comunicación, en octubre de 1969, así como las persecuciones previas a 1975 contra Darío Elías y Osvaldo “Rabito” Ruiz Arce.
Estos nombres no constituyen una evocación retórica ni un ejercicio nostálgico: son memoria viva de nuestra institución. La Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas fue, en palabras del Dr. Adriano Irala Burgos, un verdadero “oasis de libertad” en tiempos de terror. Y precisamente por ello fue castigada con especial ensañamiento por el aparato represivo del Estado stronista.
Por todo esto, resulta profundamente alarmante que una sede de nuestra Universidad acompañe institucionalmente un acto que legitima simbólicamente un discurso negacionista, que invita a “mirar con objetividad” un período atravesado por la tortura, el as*****to y la supresión sistemática de libertades. No existe neutralidad posible frente al crimen. No hay equidistancia ética ante la tortura.
La Universidad Católica no puede —ni debe— convertirse en un espacio de blanqueamiento del autoritarismo, ni de relativización del terror estatal. La memoria no es neutral, y la omisión, en estos casos, constituye una forma de toma de posición.
Desde una perspectiva evangélica, reafirmamos un principio central de la Doctrina Social de la Iglesia: la dignidad humana es anterior y superior a cualquier orden político, económico o ideológico, tal como lo expresa con claridad la encíclica Pacem in Terris. Ninguna apelación a la “objetividad histórica” puede justificar el silenciamiento del sufrimiento humano ni la negación de la injusticia.
En el tiempo de la Navidad —tiempo de encarnación, de memoria del Dios que entra en la historia humana— afirmamos con claridad que a Dios no le es indiferente el dolor de sus hijos e hijas. No hay miradas asépticas sobre la tortura. Solo hay miradas éticas o miradas cómplices.
Exhortamos a las autoridades del Campus Itapúa a revisar críticamente su actuación, a asumir la responsabilidad institucional que conlleva el nombre y la historia de esta Universidad, y a comprender que no todo evento cultural es compatible con los valores éticos universitarios, especialmente cuando se trata de legitimar un régimen que persiguió, torturó y asesinó a integrantes de nuestra propia comunidad académica.
Instamos igualmente a las autoridades de la Universidad para que se interesen en el caso y tomen las medidas que correspondan o crean convenientes.
Finalmente, reafirmamos que recordar no divide. Repudiar la dictadura no es relativismo ni revanchismo: es un imperativo ético, académico y cristiano. Callar, minimizar o justificar ese pasado sí constituye una posición. Y esa posición es incompatible con una universidad comprometida con la verdad, la justicia y los derechos humanos.
Asunción, 24 de diciembre de 2025.
COMISIÓN DIRECTIVA
Asociación de Profesores de la
Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas
Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción
Contacto: [email protected]