27/03/2016
MENSAJE A LOS JÓVENES DE MONSEÑOR FRANCISCO JAVIER PISTILLI SCORZARA
“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo
para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él.”
Juan 3, 16-17
Queridos Jóvenes de la Diócesis de la Santísima Encarnación:
La Pascua de este año la celebramos como expresión máxima de la misericordia de Dios, que tanto nos amó, que nos regaló a Cristo para que por él tengamos vida. No hay mayor amor, y Cristo nos llama sus amigos.
Amigos se hacen hoy de muchas maneras y la amistad se demuestra de diferentes formas, algunas buenas, otras no tanto. La amistad de Cristo es una entrega personal, es compartir de sí, para que los suyos encuentren la máxima alegría.
Lo bello de la amistad es que dos personas totalmente distintas se encuentren, se sorprendan, compartan gratuitamente, se acompañen en las buenas y en las malas, se valoren y estimulen a crecer, se sostengan y se acepten con sus límites y miserias, sin que ninguno de ellos se sienta avergonzado por sus límites personales.
La amistad de Jesús realiza esto plenamente. Él no nos mide por nuestras miserias, no nos juzga por nuestros pecados. Él ve en nosotros lo mejor, y se sienta con nosotros a partir su pan. Camina con nosotros, ríe con nosotros, llora con nosotros. Siendo tan grande no nos hace sentir pequeños a su lado, nos hace crecer, nos ayuda a creer en nosotros mismos, nos da valor para enfrentar nuestros miedos, nos arroja a amar con libertad.
La amistad de Cristo está envuelta de misericordia. Esa amistad misericordiosa es la escuela de los que siendo pequeños se hacen grandes con Jesús. Esta amistad es encuentro, es salir de uno mismo para conocer a otro, es estar dispuesto a dar hogar a otro y acompañarlo en la aventura de vivir dignamente. La amistad es compartir valores y preocupaciones, metas y tareas, que ayuden a sostener nuestro mundo y a hacerlo un espacio de vida limpio, bello, digno. La amistad es construir un espacio de fe, una comunidad que vive del regalo recibido del Señor y mantenerla renovada todo el tiempo.
En esta Pascua quiero también salir al encuentro de ustedes jóvenes. Tender la mano para que la amistad de Cristo se fortalezca. Invitarlos a que nos conozcamos más, compartiendo. Yo quiero también invitarlos a que me acompañen. Tres enormes desafíos me hacen sentir pequeño, pero confío en Cristo que me ayuda y en ustedes que están dispuestos a seguirlo. Estos tres desafíos son: renovar la misericordia en la vida de los creyentes, cuidar juntos la casa y el bien común, renovar la Iglesia en su alegría, en su amor, en sus vocaciones, en su misión.
Mi amistad no será tan grande como la de Jesús, pero a su lado no me siento menos. Él me da fuerza y me hace crecer. Quiero compartir con ustedes esta amistad y abrir un espacio para que seamos protagonistas de esta nueva Iglesia, como nos recuerda el Papa Francisco.
Les deseo una bendecida y feliz Pascua. Sean misericordiosos, encuentren la misericordia, encontrarán en ella muchos amigos y un gran Amigo.
+ Francisco Javier Pistilli Scorzara
Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación