12/07/2016
De verdad quieres ser médico?
"Estudien que na mucho, para ayudarnos”
Ayer le encontré a un ex compañero (que abandonó la carrera), me preguntó, y que tal la facultad? Seguís?
- Si, a full.
- Y que curso ya estás?
- Y luchando por el quinto (…).
Y después de un rato de charlar nos despedimos, pero me quedé pensando. Que mucho ya pasé por este sueño loco de ser médico. Durante un largo rato recordaba situaciones que viví y sobreviví.
Lo que hoy me parece interesante es que en el mundo perfecto creado en mi cabeza de pibe (18 años), justo en esa transición colegio-universidad, no había espacio para problemas, y toda preocupación parecía exagero. Y así, con esa perspectiva decidí estudiar medicina. “Quiero ser Doctor!” me sedujo esa idea, y más aún salir de mi casa, mudarme de ciudad, me hacía sentir ADULTO!. Y lo hice. Por fin ya ingresé a la carrera, ya usaba mi bata blanca, ya iba al laboratorio de biología, de histología, de anatomía, bioquímica, en fin todo era muy apasionante y me encantaba!.
Entre días buenísimos y otros insoportables, con altibajos, por fin llegué a ciencias médicas. Woow! Ya estaba en el hospital, otro mundo! Por fin! Lo que costó! Vamos todavía!
Pero al poco, me di cuenta que no era tanto como me imaginaba, o mejor dicho, era totalmente diferente a lo que imaginé. La expectativa era ilusión, me deparé con lo que de verdad es la medicina paraguaya. Donde abunda el dolor, donde en un sistema corrupto niños mueren por falta de antiparasitarios, donde las parturientas –por falta de prenatal- muchas veces llevan los cadáveres de los hijos que tanto anhelaban y un sinfín de atrocidades más, que no las voy a citar porque no es el objetivo de esta redacción.
Esto, y un larguísimo etcétera más, sumado al cansancio de todos los días madrugar para tomar el micro y llegar a las clases, dormir tardísimo por estudiar para el examen del día siguiente – casi, casi, rutina diaria- y aní que na luego llueve, estás enfermo o simplemente agotado.
Andaba así, con el famoso mal del barco de todo y de todos-as, y me atrevo a decir que no era solo yo el que me sentía así, siendo más atrevido aún; la gran mayoría de mis compañeros (para no decir todos) estaban en la misma, y eso se inhalaba prácticamente todos los últimos días antes de terminar el semestre. Anhelábamos las tan esperadas vacaciones que eran más que necesarias. Y esto es una pequeña introducción a lo que realmente me está haciendo tipear.
Estando en uno de esos días de prácticas, nos tocó hacerle la historia clínica a una señora que padecía de una enfermedad terminal. Era uno de esos casos que refuta toda descripción de los libros, donde te das cuenta que la medicina no es una ciencia exacta, donde 2 + 2 no necesariamente es 4. Y así, con verle más veces, sentíamos que toda, enfatizo en TODA, su confianza estaba puesta en nosotros, porque en varias oportunidades nos dijo “Verdad Doctores que me voy a curar?”, con ésta y otras interrogantes suplicaba desesperadamente que hagamos algo, que la curemos, que no permitamos que sus hijitos queden huérfanos. Que responsabilidad, hasta me daba miedo!
Y en una oportunidad, me agarró del brazo, y con la voz quebrada y los ojos llorosos, y me dijo “ESTUDIEN QUE NA MUCHO, PARA AYUDARNOS, NOSOTROS LES NECESITAMOS”. Y con todo lo que dije más arriba, creo que es redundante decir que eso fue como un “Tova jepete” bien fuerte para mí, de esos que hasyeterei. Entiendan la dinámica de lo que trato de contar, esto pasó Justo en el momento en que estaba aturdido de absolutamente todo, en un año nada fácil, cuando ya no recordaba esa euforia que me causaba la idea de “ser Doctor”, cuando la apatía se apoderaba de mis sueños y convicciones.
Y creo que ésta fue una de las situaciones en la que Dios te habla a través de las personas, con esto me puse a pensar en la esencia misma de lo que es la medicina, en mi punto de partida, en que no son enfermedades lo que vamos a tratar, en un futuro no muy lejano, sino que son enfermos, que tienen una vida, una familia, sueños, que viven una realidad y que confían en nuestros conocimientos (justo esos que vamos adquiriendo día tras día, con cada noche sin dormir, con cada hora de clases teóricas y prácticas, oyendo experiencias de nuestros profesores). UNA GRANDÍSIMA RESPONDABILIDAD!!!.
Vamos por el siguiente semestre, cargado de buena vibra, tratando de aprender cada vez más!
Y, Gracias doña María!, no te imaginas lo que me enseñaste!.