07/28/2026
Meditación personal: Ezequiel 30:10-26
”¿Quién quiebra el brazo, y quién lo hace fuerte?”
El texto describe cómo caen, una por una, las ciudades de Egipto — Nof, Patros, Zoán, Tafnes, Sin, No… Y en medio de esa lista hay una frase que me detuvo: Dios dice que Él mismo quebró el brazo de Faraón, y que ese brazo jamás volverá a sostener espada, por más que lo entablillen. Y en ese mismo instante, ese mismo Dios fortalece el brazo del rey de Babilonia. El que quiebra y el que fortalece es el mismo Dios.
Señor, tengo que ser honesto contigo hoy.
Llevo muchos años sirviéndote, con temporadas de ida y vuelta, de comenzar de nuevo más de una vez. Y si soy sincero, ha habido muchos momentos, y aún hay días, donde siento el brazo quebrado. Decisiones difíciles do…
[11:28 AM, 7/26/2026] Estela Lee: Devocional: Una vida que avanza hacia la visión
Texto bíblico: Josué 14:6–12
Hay sueños que nacen del entusiasmo humano y desaparecen con el paso del tiempo. Pero la visión que Dios da permanece, madura y sigue llamándonos a caminar, aun después de muchos años.
Caleb recibió la promesa de Dios cuando tenía cuarenta años. Cuarenta y cinco años después, con ochenta y cinco, seguía diciendo: «Dame, pues, ahora este monte» (Josué 14:12). Su edad no apagó la visión, porque esta no dependía de sus fuerzas, sino de la fidelidad de Dios.
En la misma tierra prometida, doce espías vieron exactamente lo mismo. Diez enfocaron su mirada en los gigantes y en sus propias limitaciones; solo Josué y Caleb decidieron mirar las promesas de Dios. La diferencia no estaba en …
[10:01 AM, 7/27/2026] Estela Lee: Meditación: Ezequiel 32:1-16
“El lamento sobre lo que se creía invencible”
Dios manda a Ezequiel entonar un lamento sobre Faraón, comparándolo con un cocodrilo que agita las aguas con orgullo — hasta que Dios lo derriba con su red, y las aguas por fin se aquietan (13-14).
Señor, reconozco en mí esa imagen. Hay temporadas donde me muevo como ese cocodrilo: ocupado, produciendo, dando impresión de control — pero muchas veces esa actividad nace del miedo a detenerme, no de la fe.
Faraón no era débil; se creía fuerte, y confundió su propio movimiento con verdadero poder. Esa es mi advertencia hoy: a veces no es la debilidad lo que me aleja de ti, sino la ilusión de mi propia fuerza.
Y luego, el silencio. Las aguas se aquietan. No solo como derrota, sino como invitación: “Ya basta de agitar. Aprende a estar quieto delante de mí.” Me cuesta la quietud. Pero hoy quiero soltar mi propio movimiento y dejar que tú seas quien sostiene.
Preguntas
• ¿Dónde estoy “agitando las aguas” más por temor que por fe?
• ¿Qué fuerza mía necesito soltar hoy?
Oración
Señor, perdóname por confundir mi esfuerzo con verdadera fortaleza. Enséñame a aquietarme delante de ti, confiando sin necesidad de estar siempre en movimiento. Tú sostienes, no yo. En el nombre de Jesús, amén.