08/20/2026
🏦 El día de la marmota
El 30 de julio Javier Milei anunció una reforma que promete que el Banco Central deje de financiar al Estado. Sin embargo, hay un detalle incómodo: la reforma de 2012 de Cristina Kirchner, que hoy se revierte, se aprobó exactamente igual, por ley y con mayoría parlamentaria.
El problema de fondo
Según el teorema de Sargent y Wallace (1981), si el Estado gasta más de lo que recauda, tarde o temprano el Banco Central termina financiando ese déficit. Argentina acumuló 41 años seguidos de déficit entre 1961 y 2002, equivalentes al 180% del PIB, lo que inevitablemente condujo a una monetización del mismo.
Los tres trucos que se eliminan
Adelantos transitorios del Tesoro, ganancias contables por devaluación de activos en dólares, y encajes bancarios integrados con deuda pública en vez de efectivo. Los tres se usaron para emitir sin que apareciera como "emisión".
¿Por qué esta vez sería distinto?
La reforma de 2026 suma tres novedades: responsabilidad penal para quienes aprueben presupuestos deficitarios, un mecanismo de "shutdown" al estilo estadounidense que congela sueldos de presidente, ministros y legisladores si no hay equilibrio fiscal, y la simultaneidad de la regla monetaria con la fiscal, algo que ni la Tablita de 1979, ni el Plan Austral, ni la Convertibilidad tuvieron.
El límite que ninguna ley resuelve
Colombia y Chile tienen bancos centrales independientes y, aun así, su inflación se ha visto alterada frente a los shocks externos. La misma Argentina lo vivió con la sequía entre 2022 y 2023, que le costó unos $25.000 millones en recaudación: ninguna reforma institucional blinda contra eso. Sin embargo, una solución más sólida, que garantice definitivamente estos cambios, implicaría cumplir con una de las promesas de campaña que se han quedado en el baúl: cerrar el Banco Central.