30/10/2026
Elio Martínez es el director actual del Taller Experimental de Danza Pisorrojo. Comenzó en este hace 20 años, “justo antes de incorporarme de forma directa a la Universidad Central de Venezuela (UCV), venía de dejar la Compañía Nacional de Danza, donde estaba bailando.
Continuar experimentando con las artes escénicas fue su principal motivación para ingresar a la Dirección de Cultura. “Inicialmente yo hacía teatro musical y decidí incursionar en la danza para complementar mi formación en el teatro. Sin embargo, me fui quedando en la danza porque vi que me gustaba y quería estudiarla y practicarla. En ese proceso, la maestra Milagro Egui salió de Pisorrojo y entró Adolfo Ostos, quien era profesor del Taller de Danza de Caracas. Al ver su estilo y su manera de dar clase, me motivé profundamente; quise estudiar con él y eso me llevó a formarme académicamente. Con el tiempo, me fui transformando en bailarín y estudiante de danza, y siempre que podía me acercaba a Pisorrojo a dar talleres, bailar solos o dar clases, lo que me llevó a incorporarme de manera definitiva años más tarde”, recuerda.
En los más de cuatro lustros que lleva vinculado a la UCV y a la Dirección de Cultura explica que sus mayores satisfacciones en esta dependencia del Rectorado “se dividen en momentos muy especiales: mis primeros años como aprendiz bailando para Grishka Holguín, los cuales considero años dorados; y mi regreso para integrarme a un proyecto de Moravia Naranjo junto con Adolfo Ostos. Fue un proyecto muy bonito que contó con el apoyo del Consejo Nacional de la Cultura y en el que logramos un enlace con la Embajada de Estados Unidos, lo que nos permitió trabajar un tiempo de forma conjunta entre Estados Unidos y Venezuela. Fue un año sumamente productivo y especial”.
De los eventos y producciones para los que ha trabajado en la UCV atesoro, “con mucha claridad y cariño” el trabajo que realizamos con la compañía estadounidense Khambatta Dance Company. Porque montamos una pieza hermosa y tuvimos la oportunidad de presentarla tanto en los Estados Unidos como aquí mismo, en el Aula Magna de la UCV. Fue un momento realmente hermoso que recuerdo con mucha nitidez”, señala.
A los jóvenes que deseen ingresar a alguna de las agrupaciones culturales les recomienda que “simplemente” se acerquen a los sótanos del Aula Magna y vean lo que ahí se hace, “porque sé que les va a llegar al alma. Les recomiendo esto porque el arte venezolano es una gran esperanza para la América hispana y anglosajona, debido a la gran calidad de nuestro producto. El arte ayuda a formar la parte cognitiva del ciudadano y a transformar el imaginario social, un espacio que actualmente está muy golpeado. Aunque sé que la situación ha sido dura, que muchos jóvenes se han alejado por la necesidad de trabajar o hacer dinero, y que hemos pasado por años difíciles de pandemia y conflictos, este es el momento de curar las heridas emocionales, psicológicas y cognitivas, y de rescatar nuestros espacios”, asegura.